El servicio de ordenación regulada de aparcamiento ha interpuesto una sanción administrativa contra un ganadero local por estacionar un rebaño de trescientas ovejas merinas en la zona azul de la plaza Mayor sin el correspondiente tique de pago. El controlador municipal, tras comprobar que ninguno de los ejemplares portaba el distintivo horario sobre el lomo o entre los cuernos, procedió a emitir una multa múltiple que asciende a mil quinientos euros por obstrucción del flujo circulatorio y falta de pago de la tasa de pernocta urbana.
¿Vehículo o peatón con lana?
La disputa legal se centra en la catalogación técnica de los animales dentro de las ordenanzas de movilidad vigentes. Mientras que la defensa del pastor alega que las ovejas son peatones en tránsito hacia un puerto de montaña, el departamento de Urbanismo sostiene que, al permanecer detenidas y rumiando durante más de quince minutos, el conjunto se transforma legalmente en un vehículo de tracción animal de trescientos ejes. La administración municipal recalca que la ocupación del asfalto no discrimina entre chapa o vellón cuando se trata de recaudación pública.
«Si el parquímetro no acepta bellotas ni tiene una ranura lo suficientemente ancha para que pase el carnero a pagar, yo no puedo hacer milagros con la normativa», declaró el afectado.
Nuevas exigencias de seguridad
Para evitar futuras sanciones, el consistorio ha propuesto que el ganado sea equipado con chalecos reflectantes de alta visibilidad y que el carnero guía instale un dispositivo de pago telemático vinculado a su identificación auricular. Por su parte, la asociación de comerciantes ha solicitado que se obligue a las ovejas a aparcar en batería para optimizar el espacio y facilitar la salida de los turismos que se dirigen a la cooperativa agrícola, evitando que el ganado ocupe los vados permanentes durante la siesta.

